Por Wolfgang Giegerich, 2001.
Artículo publicado en Technology and the Soul. From
the Nuclear Bomb to the World Wide Web. Collected English Papers, vol. 2,
Spring Journals, 2007.
Traducción de L. Árvarez. Revisión
de Helena HD y Abica.
Con gratitud al pensador por permitir la traducción y publicación de este artículo.
Con gratitud al pensador por permitir la traducción y publicación de este artículo.
Es obvio que el aparato de
televisión es una máquina técnica y que la invención de la televisión es un
maravilloso logro de la ingeniería. Pero no quiero hablar de tecnología. Quiero
proponer hoy la extraña idea de que la televisión, como institución social, es
también una máquina psicológica. No es usual mirar a un fenómeno como el
de la televisión psicológicamente, así que sería necesario explicar qué puede
querer decir "psicológico" en este contexto. En el tiempo disponible,
no puedo ofrecer una explicación completa, pero espero que en el curso de mi
discusión quede claro, al menos en términos generales y a través de este mismo
ejemplo, de qué trata y de qué no trata el acercamiento psicológico a tal
fenómeno.
A principios de siglo, David
Sarnoff, de origen ruso y de la RCA, Radio Corporation of America, fue
clave en el desarrollo de la radio como un medio de masas construido entorno a
una red, y más tarde hizo lo mismo para la televisión. Hace unos 60 años, en la
Exposición Universal de 1939, dio el pistoletazo de salida a la televisión.
"Ahora", dijo a la muchedumbre de primeros telespectadores,
"ahora añadimos imagen al sonido. Es con gran humildad que vengo a
anunciarles el nacimiento en este país de un nuevo arte tan importante en sus
implicaciones que está destinado a afectar a toda la sociedad. Es un arte que
brilla como una antorcha de esperanza en un mundo convulso. Es una fuerza
creativa que debemos utilizar para el beneficio de toda la humanidad. Este
milagro de la habilidad técnica que un día traerá el mundo al hogar también
trae una nueva industria americana para servir al bienestar del hombre".
Así, la televisión no sólo fue alabada como un milagro de la ingeniería,
también se esperaba de ella que fuera una fuerza creativa, un arte, y que
brillase como una antorcha de esperanza en un tiempo en el que América había
sufrido durante años su peor depresión y la Segunda Guerra Mundial era
inminente. Cuando a finales de la década de los 40 y durante los 50 la
televisión realmente empezó a extenderse entre la población la esperanza
generalizada que se originó fue que tenía un efecto educacional y civilizador
fantástico, que daría lugar una difusión del conocimiento entre toda la
humanidad y un aumento del nivel de información de la sociedad.